Durante mucho tiempo pensé que el iPhone no era para mí. Tenía mi iPod touch para las apps y mi BlackBerry para las llamadas, y así estaba perfectamente bien. Pero la tecnología cambia… y a veces también cambian nuestras preferencias. Esta es la historia de cómo, casi sin darme cuenta, terminé enamorándome del iPhone.
Para los que me conocen desde hace mucho tiempo, saben que el iPhone y yo no éramos muy buenos amigos. Yo decía: “Es que en el iPod touch puedo hacer eso… y para llamadas tengo mi BlackBerry.”
Y así fue durante un tiempo. Cuando BlackBerry cambió su sistema operativo a Android, no me quedó mucha alternativa y terminé usando un modelo Galaxy.
Eso duró hasta que llegó el iPhone X. Pero ese modelo no llegó a casa. Al año siguiente, cuando salieron los modelos XR, hice mi preorden. Compré el bumper y el protector de pantalla incluso antes de que el teléfono llegara.
Me enamoré del color Coral, y con ese teléfono comenzó realmente mi historia con el iPhone.
Mi XR aún sigue dando batalla. Tiene 76% de salud de batería, y en algún momento le cambiaré la batería para darle una nueva vida.
Soy un poco escéptica cuando se trata de cambiar de dispositivo. Si fuera por uno de mis mejores amigos, lo cambiaría todos los años. Pero ese no es mi estilo.
El próximo en llegar a casa fue el iPhone 12 Pro Max, y llegó por pura casualidad. Mi hija estaba de cumpleaños —era marzo, poco después de que saliera al mercado— y su teléfono ya necesitaba ser cambiado. Fuimos a la tienda de servicio para comprarle su nuevo celular de regalo.
Ella se decidió por un iPhone 12 regular.
Yo no quería cambiar mi XR todavía, pero como soy tan curiosa pedí que me mostraran el 12 Pro Max. Ese color azul me enamoró al instante. No sé cómo Apple logra eso.
Ese teléfono me acompañó por dos años. No había necesidad real de cambiarlo: la salud de batería estaba por encima de 86%. Lo único es que era un dispositivo bastante pesado. Aun así, funcionó perfecto. De hecho, mi hija lo estuvo usando hasta hace una semana.
Dos años después llegaron los modelos 14, y el iPhone 14 Pro en Deep Purple lo volvió a hacer. Esta vez sí hice la preorden. Mi amigo fue bastante insistente y me dio ese empujoncito que necesitaba para comprarlo.
Antes de que llegara, ya tenía su funda y su protector de pantalla listos.
Ese color púrpura es uno de los más bonitos que he visto en un iPhone. Aunque la salud de batería no está tan bien para un dispositivo de casi cuatro años, sigo amando mi 14 Pro.
Precisamente por la salud de batería del 14 Pro fue que me decidí por el iPhone 17 regular en color púrpura claro.
Sí… ¡un modelo regular!
En este punto he disfrutado tanto la experiencia de los modelos regulares como de los Pro, y honestamente el 17 regular fue el que mejor me pareció. Fue el modelo que más atributos recibió en su lanzamiento.
Y, curiosamente, nuevamente lo cambié cerca del cumpleaños de mi hija.
Dirán que es un patrón.
Y sí… creo que lo es.
No me gusta cambiar de teléfono por cambiar. Me gusta usarlos, disfrutarlos y darles su tiempo. Hoy estoy disfrutando mi iPhone 17, y si algo he aprendido es que, a veces, las mejores historias con la tecnología comienzan justo cuando menos lo esperas.
Escrito desde mi iPad Air
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