Cuando la tecnología llega antes que las palabras

 Una reflexión desde mi iPad sobre bebés, Apple Watch y la crianza en la era digital



 Hace algunos meses me llegó una tarjeta de registro para un bebé. Lo que uno suele ver en estos registros son pañales, toallitas húmedas, sábanas, una silla alta para comer y, en fin, todo lo que creemos que necesita un recién nacido. Pero en este registro no solo aparecían los regalos típicos; también había listados no uno, sino dos Apple Watch.


Sí, dos Apple Watch.


Y enseguida pensé: ¿de qué viene esto?


Como siempre, mi curiosidad ganó. No le pregunté al futuro padre. Eso no. Me puse a buscar información por mi cuenta y descubrí que, al parecer, forma parte de una tendencia cada vez más común entre algunos padres primerizos.


Hoy, además de los tradicionales monitores con cámara, sensores de movimiento y otros dispositivos que permiten vigilar al bebé mientras duerme, algunas familias están integrando relojes inteligentes a sus sistemas de monitoreo.


Pero entonces me surgió otra pregunta: ¿un Apple Watch para un bebé? Si su muñeca es tan pequeñita, ¿qué podría monitorear?


Les confieso que, para mí, la idea sonaba un poco descabellada. Sin embargo, parece que es algo que algunas personas realmente están haciendo.


Y fue ahí cuando me detuve a pensar.


¿Desde cuándo cambió tanto nuestra relación con la tecnología? ¿En qué momento dejamos de acercarnos a la cuna para ver si el bebé seguía respirando tranquilamente mientras dormía? Muchos padres lo han hecho alguna vez, aunque sea solo para quedarse tranquilos.


Ahora dependemos de cámaras con audio, sensores de movimiento, aplicaciones móviles y notificaciones en tiempo real.


Pero, siendo honestos, un Apple Watch está diseñado para la muñeca de un adulto. En un recién nacido difícilmente podría medir correctamente funciones como el pulso o la temperatura. Así que seguí investigando y encontré una explicación mucho más lógica.


En muchos casos, los padres no quieren poner el reloj en el bebé. Lo que buscan es utilizar el Apple Watch como una extensión de las aplicaciones conectadas a los monitores, cámaras y otros dispositivos inteligentes de la habitación. De esa manera, pueden recibir alertas, ver notificaciones o consultar información directamente desde su muñeca sin tener que mirar constantemente el teléfono.


Y eso sí me hizo sentido.


Entonces pensé: quizás esos dos Apple Watch del registro no eran para el bebé. Tal vez eran para mamá y papá, para que ambos pudieran mantenerse conectados al sistema de monitoreo.


Aun así, la experiencia me dejó pensando.


La tecnología puede ser una herramienta extraordinaria. Nos da tranquilidad, nos mantiene informados y puede ayudarnos a reaccionar más rápido ante una emergencia. Pero también me pregunto si, en ocasiones, corremos el riesgo de reemplazar nuestra intuición por una notificación.


Quizás el verdadero reto no sea tener más tecnología, sino encontrar el equilibrio entre confiar en ella y seguir confiando en nosotros mismos.


Porque ninguna aplicación ha logrado reemplazar todavía lo que siente un padre o una madre cuando se acercan en silencio a la cuna y ven a su bebé dormir en paz.

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